November 24, 2020

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La explosión de nuevas infecciones en Arizona está poniendo al borde de la crisis a hospitales y alarmando a expertos en salud pública, que vinculan el aumento de nuevos casos de COVID-19 con la reapertura y el final de la cuarentena un mes atrás.

Una docena de estados están viendo aumentos diarios de nuevos casos.

Arizona se ha convertido en uno de los centros de la epidemia del país, con un promedio diario de casos que es más del doble que hace dos semanas. El número total de personas hospitalizadas también está creciendo.

En la semana del 5 de junio, Arizona ha visto un promedio de más de 1,300 nuevos diagnósticos de COVID-19 por día.

Después que el sistema hospitalario más grande del estado advirtiera sobre la escasez de camas en las terapias intensivas, el gobernador de Arizona, el republicano Doug Ducey, rechazó las afirmaciones y negó que el sistema se viera abrumado.

“Todo el tiempo nos hemos enfocado en la posibilidad del peor escenario con la necesidad de más camas de hospital, en las terapias intensivas, y ventiladores”, dijo Ducey a periodistas. “Pero no lo necesarios en este momento”.

Si bien reconoció un aumento en los casos positivos, Ducey dijo que una segunda orden de quedarse en casa “estaba fuera de discusión”.

“Pusimos la orden de quedarse en casa para poder prepararnos para lo que estamos viviendo”, agregó.

Algunos estados han reabierto más lentamente, con diferentes estrategias dependiendo de la región, pero Arizona adoptó un enfoque más agresivo.

El estado comenzó a reducir las restricciones a las empresas a principios de mayo y levantó su orden de cierre estatal después del 15. Según el plan de reapertura, se aconseja a las empresas que sigan las pautas federales sobre distanciamiento social.

Tampoco hay ningún requisito para que todos usen máscaras en público.

Expertos en salud pública coinciden: el aumento de casos en este preciso momento refleja la reapertura del estado.

“Quizás, Arizona será una señal de advertencia para otras áreas”, opinó Katherine Ellingson, epidemióloga de la Universidad de Arizona. “Nunca tuvimos esa tendencia a la baja constante que indicara que era hora de reabrir, y de hacerlo de manera segura”.

Antes que Arizona levantara su orden de quedarse en casa, solo alrededor del 5% de las pruebas para COVID-19 eran positivas. El lunes 15 de junio, ese número rondaba el 16%.

Una reapertura más lenta da tiempo a las agencias de salud pública para identificar si los casos están aumentando, y luego responder con el rastreo de contactos y aislar a los infectados.

“Con una reapertura rápida, no tenemos tiempo para movilizar esos recursos”, dijo Ellingson.

El condado de Maricopa, hogar de aproximadamente el 60% de la población del estado, ha aumentado el rastreo de contactos en las últimas semanas, pero puede no tener suficiente capacidad si esta tendencia continúa.

El doctor Peter Hotez dijo que el aumento en Arizona, así como en áreas de Texas, como Houston, Dallas y Austin, es la consecuencia de eliminar las restricciones demasiado rápido, y sin un sistema de salud pública que pueda mantener el ritmo.

“Este no es un número abstracto de casos. Estamos viendo personas hacinadas en terapias intensivas”, dijo Hotez, decano de la Escuela Nacional de Medicina Tropical en el Baylor College of Medicine en Houston.

El gobernador de Arizona también se ha enfrentado a las críticas de los alcaldes de las dos ciudades más grandes del estado por no establecer requisitos más estrictos.

“Hay una pandemia y se está extendiendo sin control”, dijo la alcaldesa de Tucson, la demócrata Regina Romero.

La orden ejecutiva del gobernador prohíbe a los gobiernos locales implementar sus propias medidas adicionales, lo que para Romero es aún más frustrante. Texas tiene una medida similar.

“Lo que hizo fue atar las manos de alcaldes y funcionarios de salud pública”, dijo Romero.

La industria hospitalaria de Arizona ha tratado de aplacar los temores de que está al borde de una crisis. Los hospitales aún realizan cirugías electivas.

“Es muy lamentable porque los hospitales en este momento en Arizona están bastante ocupados con los procedimientos electivos”, dijo Saskia Popescu, epidemióloga de la Universidad George Mason, con sede en Phoenix. “Si agregas cada vez más casos de COVID, eso va a estresar mucho sus sistemas hospitalarios”.

Y las temperaturas de verano de tres dígitos de Phoenix pueden alimentar la propagación del virus. Las personas renuncian a actividades al aire libre y permanecen adentro con aire acondicionado, donde el riesgo de transmitir el virus aumenta significativamente.

Desde que se levantó la orden de quedarse en casa, Popescu y otros dicen que han visto a personas regresar a una mentalidad pre-pandémica, relejándose con el uso de máscaras o la distancia social. Los videos de bares llenos de gente solo han impulsado estos temores.

Sin embargo, la médica con uno de los cargos más altos de Arizona enfatizó que también había peligro manteniendo al estado encerrado, incluidos los efectos sobre la salud mental generados por la soledad y el aislamiento.

“Sabemos que está en la comunidad. No vamos a poder detener la propagación. Y tampoco podemos dejar de vivir”, dijo la doctora Cara Christ, directora de salud del Departamento de Servicios de Salud de Arizona.

Pero el doctor Quinn Snyder, médico de emergencias en Mesa, Arizona, dijo que debe haber mensajes más consistentes sobre medidas de salud pública como el uso de máscaras.

“Francamente, creo que una reevaluación general sobre dónde estamos es crítica en este momento, pero puedo decirle que no estamos haciendo lo suficiente”, dijo Snyder, quien ha visto de primera mano el aumento en pacientes de COVID-19 graves.

“Si continuamos por este camino, el virus presionará a nuestras instalaciones de atención médica más allá de su capacidad, y tendremos que tomar decisiones difíciles como quién tiene un respirador y quién no”.

Esta historia es parte de una alianza entre NPR y Kaiser Health News.